DÍA DEL ÁRBOL

21 de junio 2008


Emilio Laguna para Belalcázar Universal

El Congreso Forestal Mundial celebrado en Roma en el año 1969 adoptó el 28 de junio como fecha para celebrar el Día Mundial del Árbol; esta fecha se adelanta a menudo en la práctica al 21 de junio, día cargado de simbolismo al coincidir con la entrada del verano boreal y el invierno austral. Coincidiendo con ello se organizan en muchos sitios del planeta actividades relacionadas con el conocimiento y difusión de los numerosos beneficios que los árboles proveen para la especie humana y para la conservación del equilibrio ecológico.  Además, por razones diversas indicadas más adelante, la celebración del Día del Árbol -sin el apelativo ‘mundial’- se desarrolla a menudo en otras fechas a lo largo del año.

La mayoría de las culturas han rendido un respeto milenario hacia las numerosas especies arbóreas de su entorno, y en particular hacia aquellas que les han generado mayores beneficios directos. Algunos de estos beneficios, como la producción de oxígeno o la fijación del anhídrido carbónico atmosférico, se conocen desde una época relativamente reciente; sin embargo, la mayoría de favores que nos procura el arbolado -combustible, sombra, alimento, captación del agua, reducción de la erosión del suelo, etc.- se perciben de modo más tangible desde los albores de la Humanidad.  Así, la muchos de los grandes inventos como el fuego, la rueda o el arado, se basan en las propiedades y usos de la madera; ésta ha sido igualmente la base de las construcciones y viviendas populares para la mayoría de civilizaciones. Los árboles son también los proveedores de muchos de los alimentos -en especial frutas- y condimentos que se utilizan a diario en gran parte del planeta. No es raro por ello que en algunos países las especies arbóreas constituyan un elemento principal de las banderas nacionales -p.ej. en Líbano o Canadá-, o que en otros muchos exista un ‘árbol nacional’ como ocurre con el  el abedul (Betula alba) en Rusia, el podocarpo africano (Podocarpus latifolius) en Sudáfrica,  la palmera datilera (Phoenix dactylifera) en Arabia Sudí o el olivo (Olea europaea) en Palestina. Pero es sobre todo en Latinoamérica donde los árboles o sus flores constituyen emblemas reconocidos en las legislaciones sobre símbolos patrios, como ocurre entre otros con el ceibo (Erythrina crista-gallii) en Argentina y Uruguay, la palma real (Roystonea regia) en Cuba, el araguaney (Tabeubia chrysantha) en Venezuela, el maquilishuat (Tabeubia rosea) en El Salvador, el guanacaste (Enterolobium cyclocarpum) en Costa Rica, la palma de cera (Ceroxylon quindiuense) en Colombia, el árbol panamá o bellota (Sterculia apetala) en Panamá, la araucaria (Araucaria araucana) en Chile, o la cascarilla  o árbol de la quina (Cinchona spp.) en Ecuador.

Aunque existen millares de especies arbóreas, se calcula que entre 400 y 500 tienen especial interés económico, en particular por sus aplicaciones agrarias o forestales. Este interés se ha incrementado recientemente, considerando el papel que ejercen las grandes masas arbóreas para frenar los efectos del calentamiento climático global, recomendándose abordar repoblaciones forestales cuando los bosques a generar sean compatibles con la conservación de suficientes extensiones de otros tipos autóctonos de vegetación. El Día del Árbol se ha asociado tradicionalmente a la práctica de la plantación forestal, así como a las de educación ambiental para la población escolar. En sus orígenes, se llamó en muchos países ‘Fiesta del Árbol’, atribuyéndose a Suecia, en 1840, la primera celebración conocida de este tipo; posteriormente se extendería a otros países y continentes -p.ej., Estados Unidos de Norteamérica en 1872, Argentina en 1900, etc.-.  

Aun existiendo el Día Mundial o Internacional del Árbol, los gobiernos nacionales, regionales o locales han acabado por establecer oficialmente otras fechas, más adecuadas para generar una adecuada implicación social a través de las repoblaciones escolares o populares. Por ejemplo, en España, el Día del Árbol tiende a celebrarse en los primeros meses del año, como ocurre en la Comunidad Valenciana (31 de enero) o Aragón (28 de febrero); en otras comunidades autónomas españolas se hace coincidir con el 21 de marzo, declarado oficialmente como Día Forestal Mundial. La escasa repercusión del 28 de junio en España se debe a la falta de coincidencia con la actividad escolar -para esa fecha se encuentra finalizado el curso académico oficial- y la imposibilidad de realizar repoblaciones populares -en esa época la mayoría de especies arbóreas mediterráneas y templado-boreales se encuentran en pleno crecimiento, no siendo recomendable plantarlas-. En el hemisferio sur el Día Nacional del Árbol se celebra en algunos países en fechas concretas del invierno austral, en tanto otros prefieren hacerlo a finales del otoño, en los últimos días de mayo o en pleno mes de junio, acercándose más a la fecha del citado Día Mundial.  Los días de cambio estacional (21 de marzo, junio, septiembre y diciembre) o solsticial/equinoccial (días 24 a 25 de los mismos meses) son igualmente elegidos en muy diversos puntos del planeta para celebraciones donde, ante todo, se pretende rendir a los árboles un agradecimiento generoso, un culto transmitido durante generaciones con la esperanza de que sigan brindándonos sus beneficios de modo sostenible y por tiempo indefinido. 

Emilio Laguna

Experto del Comité de Supervivencia de Espoecies de la UICN (Unión para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales)

Premio ‘Silver Leaf Award Planta Europa’ a la conservación de las plantas europeas.

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Las flores de la ceiba están declaradas como ‘flor nacional’ en Argentina y Uruguay, donde a menudo se considera la especie en paralelo como árbol nacional.

 

 

Esta foto  parecerá toda una curiosidad. Es una medalla que heredé de mi abuelo paterno. La familia de mi padre proviene de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real), al pie de Despeñaperros.

En 1908, el ayuntamiento celebró la primera Fiesta del Árbol, realizando una repoblación forestal popular y regalando esta medalla a cada vecino.

La celebración de la Fiesta del Árbol en Santa Cruz no era una casualidad, ya que allí nació y murió D. Máximo Laguna y Villanueva (1826-1902), uno de los más ilustres botánicos españoles, autor de la ‘Flora Forestal Española’ (1883-1890), el primer tratado completo de los árboles españoles. El ayuntamiento, con la Fiesta del Árbol, rindió de paso un sentido homenaje a D. Máximo, años después de su muerte.

Encina en las proximidades de la Estación de Belalcázar.

El olivo desmochado de tronco es un ejemplar milenario que hay en Traiguera (Castellón) de 1300 a 1400 años.

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