Luz    
 

Hoy partí de Belalcázar con las primeras luces del alba,
con cada nuevo paso es mayor el desgarro de mi herida,
recorro montañas y valles que son un espejo del alma,
no quisiera mirar atrás pero es allí donde dejé la vida.
 
Prosigo mi camino sabiéndome burlado por el tiempo,
pretendí abrazarme al instante, intenté apresar el momento,
no pude saciarme de tí y quedo con celo de tu dueño,
quedo con sed del azul de tus ojos y quedo con sed de tu aliento.
 
Me enseñaste a sentir el ocre en el que duerme la colina,
bailamos enlazados bajo el gris del noble olivo,
en el oro de tu pelo aprendí a mimar la brisa,
te susurré viejas leyendas ancladas en el olvido.
 
Ahora soy ciego vagabundo buscando errante su destino,
lejos de tu luz,
sólo queda tu ausencia y el gélido ardor que quebró mi alma,
es el cruel fuego de tu hechizo, añorada niña de Belalcázar.

 
 
Roberto Cabezas
 

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