En un valle
cordobés, tiene mi pueblo serrano
un castillo, una plaza, un paseo de
verano
y unas casas encalas, que brillan de
puro blanco.
El castillo, con sus piedras centenarias
es el almacén de recuerdos, de mi niñez
lejana.
Cuantas
veces me he sentido vigía en sus
torreones
y sobre los verdes campos que rodean las
murallas
he oteando el horizonte, y he imaginado
batallas.
He soñado con espadas, con arcos
y con caballos
con guerreros y con cruzados, que querían
asaltar
esos torreones tan altos.
Me he metido en el castillo, entre
grietas,
de sus muros centenarios
He imaginado tesoros, y pasadizos que me
llevaban
a otros mundos imaginarios.
He leído en cada piedra una palabra
grabada
he pensado en su secreto
y he querido descifrarlas,
aflorando los secretos que había
entre sus piedras guardadas.
En la plaza, hemos jugado
a pañuelos, al burro, al esconder,
con el trompo y con el aro.
Las muchachas a la rayuela,
o a la comba saltando.
mientras con miradas furtivas
empezábamos a enamorarnos.
En el paseo, he pasado unas tardes muy
felices
paseando de su mano, entre árboles y
rosas,
o sentados en el banco, en el sitio mas
oscuro
donde el amor era mas claro
y contemplando las estrellas, en las
noches de verano
¡ las he visto en sus ojos, que son
verdes y muy claros ¡
Paseando de su mano, he conocido el amor
y aun vivo enamorado.
Pepe Benavente